Lewis Hamilton gana el Mundial
Dos días antes de que Barack Obama pueda convertirse en el primer presidente negro de los Estados Unidos, Lewis Hamilton se ha convertido no solo en el piloto más joven en ganar el mundial de Fórmula 1, desbancando a Fernando Alonso en ese apartado, sino que es el primer hombre de raza negra en lograrlo. Es simple anécdota, hoy día esas cosas deberían tener poca importancia pero es un hecho, en el año 2008, en el siglo XXI, ha tenido que llover para ver algo así.
La carrera de Interlagos en Brasil respondía a un guión más o menos lógico. Felipe Massa se puso primero desde el principio y Hamilton, con los nervios más controlados que nunca, se dedicaba a marcarle desde el quinto lugar, el que le daba por los pelos el título mundial. Pero el diablo metió la mano y como si Alfred Hitchcook hubiera podido escribir unas líneas de las últimas páginas, el destino cambió la suerte de la carrera y por tanto del Mundial: la lluvia hizo aparición a falta de menos de 20 vueltas, pero con demasiado espacio por delante como para mantener los neumáticos de seco. Los pilotos entran a cambiar ruedas y las cosas siguen más o menos gual hasta que pasan por meta a falta de 6 vueltas y vemos que Hamilton ya no es quinto sino sexto, porque Vetel le ha adelantado.
El pánico se siembra en el box de McLaren y la esperanza surge en el de Ferrari. El sexto lugar hacía empatar a puntos la clasificación final y en esas condiciones, Massa era el campeón. Las cosas se mantenían igual vuelta tras vuelta. Llegábamos a la última, entraban en juego los doblados, que cobrarían gran importancia en todo el lío final. Después de recorrer en 18 carreras más de 5300 km, todo se iba a decidir en 850 metros, los que faltaban para la línea de meta. Bandera a cuadros para Massa, en su box celebran el título del mundo. Entra Fernando Alonso, entra Raikonen…. y ¿Glock? ¿dónde está Glock? Entra Vetel, cuarto y Glock no entra. Al fin, llega Hamilton a meta, quinto y detrás de el Timo Glock, sexto. Lewis Hamilton campeón del mundo, la alegría mudó de un box a otro y la desesperación se adueñó del de Ferrari, con un Massa, a través de la radio, llorando por el caramelo que le habían quitado en apenas diez segundos de incertidumbre.
Glock no había cambiado sus ruedas, seguía con las de seco en asfalto mojado. Lewis Hamilton le remontó en estas circunstancias diecinueve segundos en la última vuelta, los trece que le sacaba de ventaja y seis más de anticipación en meta. El adelantamiento tuvo lugar a la vez que el de otros doblados, por lo que en el fragor de la batalla, en la narración de los acontecimientos, nadie se dio cuenta, ni el propio Hamilton sabía que puesto ocupaba hasta que le comunicaron su quito lugar y su título mundial.
Enhorabuena a Lewis Hamilton, enhorabuena a Fernando Alonso, segundo ayer y quinto al final del Mundial y enhorabuena a Massa que esperemos que de todas formas, tire sus calzoncillos. Ferrari, gana el Mundial de constructores: algo, es algo.
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