Las buenas acciones, nunca quedan impunes
Sucedió en un partido de la Liga Griega de Fútbol, entre el PAO y el Asteras Tripolis. Un aficionado salta al cesped con ánimos de desnudarse, lucir palmito, corretear por el cesped perseguido por los guardias y una vez enseñadas las vergüenzas, huir despavorido para que no le atrapen y no enfrentarse a las justicieras porras.
Pero antes de que pudiera quitarse una sola prenda, si es que eran estas sus intenciones, una patada alevosa de un jugador derriba al aficionado y los guardias le atrapan. Lo retiran del campo y ahí acabó su aventura. El detalle curioso llega después, cuándo el árbitro expulsa del campo con tarjeta roja al jugador, que creyendo estar haciendo una buena acción, pateó al aficionado para que fuera atrapado.
La cara del jugador es un poema cuando comprende que él también ha sido cazado y debe irse y es que el reglamento es claro. Cualquier interacción de este tipo con un espectador es motivo de expulsión. Hace unos años vi como un árbitro en la liga española expulsaba a un jugador del Real Madrid por devolver a un espectador una manzana que este previamente le había lanzado. Los jugadores deben conocer el reglamento y éste en concreto, la próxima vez dejará que el aficionado toque “la traviata” con la parte del cuerpo que prefiera, si es menester.
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